A veces pienso que maternar es como caminar un sendero lleno de piedras: nadie te explica bien cómo es, y solo otra mamá entiende lo que significa tropezar ahí.
Me acuerdo mucho de una frase: “nadie entiende mejor lo que vive una madre que otra madre”. Y sí, lo comprobé muchas veces. Basta cruzar miradas en medio de un berrinche para sentir complicidad, como diciendo: “te entiendo, yo también he pasado por ahí”.
Eso me llenaba de empatía. Pero con el tiempo descubrí que no siempre es así. Que muchas mamás voltean a ver a otras no para tender la mano, sino para señalar.
Y aquí viene la gran pregunta: ¿de dónde salió la idea de que hay una sola forma correcta de maternar?
Lo que realmente necesitamos es apoyo, no críticas. Un “ánimo, lo estás haciendo bien” pesa más que mil juicios. Porque el terreno que pisamos todos los días ya es bastante duro como para cargar con culpas que no nos corresponden.
Así que la próxima vez que veas a una mamá, acuérdate de esto: tu mirada puede ser juicio… o puede ser un abrazo silencioso.
Porque entre mamás, la empatía siempre hace la diferencia.


